El teléfono sonó. Era su majestad
Juan Carlos, rey de España, un hombre de impecable linaje con un
agudo sentido del protocolo. Su majestad había llamado para
felicitar formalmente a Vicente Fox, quien acababa de ser electo presidente de México.
saludo a su majestad de esta manera: "¿Cómo le va rey?".
una transición presidencial como nunca antes había visto México. Durante siete décadas, las transiciones presidenciales habían sido asuntos familiares conducidos en privado por los líderes del PRI. Los puestos del gabinete y las iniciativas políticas eran decididos por la vieja guardia del partido y anunciadas el día de inauguración.
estilo casual y populista que apela a una nación que demanda un mayor rendimiento de cuentas por parte de sus líderes, quienes en el pasado habían parecido distantes y regios.
Divertido e irreverente, el presidente electo se ha presentado a sí mismo como un vecino jovial en jeans y botas. Nada sobre la presidencia es como solía ser. Fox anunció la semana pasada que no vivirá en la residencia oficial de Los Pinos y que planea abrirla al público. Desde su elección, Fox ha visitado 16 países en tres continentes para promover su visión de un nuevo México. También ha bombardeado a los mexicanos con una serie de propuestas políticas substanciales.
Fox-Fiesta, que comenzará en la ciudad de México y continuará en otras tres ciudades. Habrá tantos dignatarios en el día de toma de protesta que es difícil encontrar un auto a prueba de balas que no esté reservado.
Fox ha llevado sangre nueva e ideas nuevas a los más altos niveles de gobierno.